Periódico
San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Mexico.

 

LA PLUMA, UNAS HOJAS DE TRUDY

 

Decía Trudy: Allá en el Sureste de México, en tierras muy alejadas del centro, hay una región grande, como un país europeo, llena de riquezas, de inmensas selvas, con maderas preciosas, caoba, cedro, palo mulato, palo tinto y otros muchas, ahí hay vainilla, cacao y hule silvestre, mamey, chicle y un suelo virgen, que da todo lo que uno quiere en dos o tres cosechas al año.  Allá en ese inmenso territorio andan los chicleros buscando el chico zapote para su resina y los monteros cortando sus gigantes de madera cuyo precio se marca en dólares. Pero también hay verdaderos habitantes en el mundo remoto, ellos lo saben todo, saben de las corrientes de los ríos, de los raudales y de sus partes navegables, conocen las lagunas pérdidas entre los cerros y escondidas en lo más tupido de la selva, ellos saben también mejor que todos los arqueólogos, dónde están “las casas de Piedra”  como llaman a las ruinas del primer florecimiento maya.

Porque estas casas son los palacios de sus antepasados, son para ellos los lugares de la más alta veneración. Estos habitantes de la selva de pelo largo y con una camisa como único vestido, son los únicos mayas que quedaron aquí cuando los constructores de las Maravillas de Palenque y Yaxchilán  se fueron hacia el Norte, se quedaron con sus tradiciones y su religión y durante siglos han andado silenciosamente  a través de su reino olvidado por el mundo, sin conocimientos de las cosas del siglo XX. La conquista no les tocó, a pesar de que ya Cortés tuvo noticias de ellos,  en su histórico camino a Honduras encontró en Mazatlán a indios Nopales que se quejaron mucho de los lacandones  y Cortés prometió protegerlos. Es probable que los lacandones tuvieron el primer contacto con los españoles a través del fraile Bartolomé de las Casas.- Lo cierto es que este territorio que se llamaba “Tierra de Guerra” era el dominio de los dominicos. El éxito del amigo  de los indios Las Casas, fue tan grande que en el año de 1548  se cambió el nombre de la región por el de La Vera Paz.

            Pero los soldados del rey de España no quisieron seguir el ejemplo pacifico del de  las Casas, su método era la fuerza y la brutalidad, desde 1536 hasta 1790 se organizaron doce expediciones a esta región. Entre ellas solo estuvieron animados por el espíritu de las Casas, las de los dominicos Fray Domingo de Vico y Fray Andrés López, en 1555 estos dos valientes frailes fueron matados por los lacandones que ya habían perdido toda la confianza en los españoles. En 1564 el misionero Fray Pedro Laurencio visitó a los lacandones, que recibieron bien al dominico pero este no logró nada con ellos en su territorio, aunque se presume que fundó los pueblos de Palenque y Ocosingo  con indios lacandones. Algunas de las expediciones nunca lograron encontrar a los lacandones porque estos, al ver aproximarse a los españoles huían a lo más remoto de la selva. Otras expediciones fueron muy importantes, cuidadosamente preparadas durante meses llevando centenares de personas, caballos y armamento moderno. Así fue la del Regente del la Real Audiencia de Guatemala, Jacinto Barrios Leal, en 1695, pero  a pesar de todo, no lograron más que la destrucción de los poblados lacandones.

            Un último intento de carácter pacifico fue hecho en 1790 por el cura de Palenque  José Manuel Calderón y tampoco dejó ningún rasgo. Todo intento de subyugarlos, fue en vano. Nunca quisieron perder su libertad, eran luchadores terribles que asombraron a los escritores de la conquista. Hasta hoy viven los lacandones en los mismos lugares en que los conquistadores los encontraron, cerca de sus palacios en ruinas de sus gloriosos antepasados; conocen todos los escondrijos de las montañas abruptas de la lluviosa selva, las corrientes de los innumerables ríos, lagos de un azul provocador y las lagunas volcánicas de un triste color negro. Conocen mas plantas, árboles, animales y secretos de esta selva fascinadora que ningún otro ser. Muchos extranjeros y mexicanos me preguntaron como se puede llegar a Chiapas, a este estado que merece ser conocido más, donde existen todos los climas, todas las plantas, los animales y las riquezas que hay en la República, donde en varios siglos viven uno al lado del otro y en cuyo suelo una extinta y gloriosa cultura, se está formando un estado moderno.

            Se llega fácilmente por avión a la capital Tuxtla Gutiérrez,; algo más trabajosamente se puede llegar en ferrocarril por Veracruz y Arriaga;  desde aquí una carretera magnífica nos lleva al moderno Tuxtla Gutiérrez , mas allá, un camino que pasa por paisajes de una belleza grandiosa, nos deja en San Cristóbal de las Casas, Perla de Chiapas, Ciudad de tierra fría llena de flores y de perfumes. En Jovel, nombre indio de San Cristóbal, cambiamos de ropa, nos ponemos traje de montar, empacamos nuestras cosas en un  petate, ponemos un morral de alegres colores delante de la silla, amarramos atrás la manga de hule, montamos en una buena mula y nos encaminamos por los bosques de pino rumbo a la tierra caliente. La bajada de un cerro abrupto, desde el que se disfruta una vista increíble, nos lleva al inmenso valle de Ocosingo , tierra sub tropical de una maravillosa fertilidad; En Tenejapa hemos dejado la tierra de los Ztoztiles  y entramos en el reino de los indios Tzeltales. Los dos hablan lenguas mayas diferentes.

            Ocosingo la cabecera del municipio mas grande del mundo (Unos 20,000 km2), es el último pueblo que encontramos, después en las fincas ganaderas de Doña. Caritina en San Antonio en el Paraíso de don Cuahutémoc. En el Real de don Pepe Tarrano, gozamos como en todo Chiapas de una hospitalidad  que no se expresa en muchas palabras, pero que es afectiva y amistosa.- Encontramos todavía algunos lugares habitados, puestos avanzados en la región maya; la lengua española se quedó atrás. También se quedaron atrás desde hace días las carreteras y ahora se quedan atrás los caminos de herraduras, empiezan las veredas muy tupidas, a veces y los picados (Veredas muy marcadas solamente por el machete) llenos de bejucos que se enredan con las raíces, veredas que se pierden, que se terminan en un arroyo o en enormes troncos derribados que obstruyen el paso. Nos encontramos en el reino de los misteriosos lacandones que todavía  hoy mantienen escondidos sus caminos.

            No los hemos visto todavía, pero ellos con seguridad ya tienen   noticias de nosotros, algunos de ellos escondidos detrás de un árbol nos habrá visto pasar y jugandonos con su instinto certero habrá traído la noticia al caribal  antes que lleguemos, su paso no se oye, sus pies desnudos se deslizan con rapidez de venado o por el suelo húmedo, su cuerpo delgado y pequeño se infiltran por picados que nuestros ojos ni siquiera perciben, si nosotros no les hemos inspirado confianza en un  momento a otro abandonaran al caribal y se irán más adentro hasta que el peligro se aleje. Pero a mi no me tienen miedo ya les he visitado cinco veces, conozco el paradero de la mayoría,  sé como esconden sus caminos. Aquí mismo, en el arroyo debo subir unos metros en el agua y encuentro el picado que va al caribal .- El tronco de caoba que hemos encontrado en el camino quiere decir que unos veinticinco metros después nos encontramos cerca de un caribal..

            Muchas veces me llevaron a sus milpas mas escondidas como esta de la poética Laguna Peljá, navegamos desde un caribal  situado en una lomita a través de la laguna, al otro lago cerca de la orilla, habían muchos troncos en el agua, pero ningún signo de vereda, sin embargo desembarcamos en estos troncos y pasando sobre un plátano balanceante llegamos hasta el sendero. Entre árboles inmensos cortados en la selva, crece el maíz que alcanza hasta tres o cuatro metros de altura, el fríjol trepa por las mazorcas y por los árboles todavía erguidos, pero negros por el fuego de la rozadura. Entre el maíz y el tabaco hay un cultivo de algodón, que bonita nos parece su flor rosada, en las orillas del tabacal que es muy grande, hay cañas de azúcar, cargamos de piñas nuestro morral y de plátanos que ellos ponen al sol, hasta que la cáscara tome color negro y el interior se transforme en una crema dulce y finísima.

El bistec de venado, de faisán o de puerco de monte es mejor que cualquier bistec en un restaurant de lujo, la sopa de cangrejo, de mojarra o de macabil es sabrosísima. El k´ayen, bebida hecha con masa de maíz, ligeramente fermentado, desleída en agua y a veces caliente con jugo de caña de azúcar aderezado con cacao o vainilla silvestre, es más refrescante que el café, poco conocido por los lacandones. Mis amigos lacandones saben que yo “sabe” comer todo lo que ellos comen y por esto  ellos también aceptan todo lo que yo les ofrezco. -Pobre gentes.- me ha dicho algunos amigos mirando las fotografías de los lacandones

            Son pobres desde un cierto punto de vista. Viven en un aislamiento grande y ningún médico les ayudará en algún caso de peligro. Ellos son sanos por naturaleza, muy fuertes a pesar de que todos están emparentados, pero las enfermedades les llegan de fuera, con los monteros y chicleros que les contagian el mal, para los cuales no tienen ninguna defensa, un catarro, un sarampión pueden ser mortales para ellos. Desde el punto de vista de la comida viven mejor que los indios próximos a la ciudad y mejor aún que los indios tzeltales, sus vecinos inmediatos. Los lacandones son señores y tiene la mentalidad  de la gente que nunca conoció la esclavitud, ni la servidumbre no poseen  ningún sentimiento de inferioridad. Para ellos el  blanco no es gente superior.- Es otra gente nada mas.-  y ¿Quién sabe? puede ser que tal vez inferiores. Por que los lacandones, fueron hechos por un gran Dios Hachakium, el creador del mundo, de los cerros, de los árboles y de todas cosas que ellos conocían antes de la llegada de los blancos.

            El culto que los lacandones practican, podrá ser extraño pero no es nunca ridículo. No olvidaré la forma en que Enrique, un lacandón, rogaba al Dios K´ak que curara a su hija de la calentura, puso el copal en el brasero del Dios K´ak y empezó a hablar con su Dios: Su voz cambiaba, hablaba bajo, de prisa, imploraba, parecía insultar, gritaba, cantaba y al final lanzó un grito prolongado que comenzaba en un tono muy alto y fuerte y que iba bajando hasta terminar, en los registros mas bajos de su voz. Era impresionante y lúgubre. Y en este lugar perdida a muchas leguas de toda habitación humana, hasta la luna tropical, en este paisaje de árboles inmensos, parecía misteriosa.- Esta luna tomó para mí verdaderamente la forma de Okná, Diosa protectora del nacimiento. Los lacandones queman copal por la salud a sus Dioses; el indio tzeltal, su vecino que es católico, quema una vela delante de San Antonio, hacen ofrendas de maíz, fríjol, tabaco a sus Dioses; El tzeltal va con flores, música y tambores a visitar a su santo para pedirle buena cosecha.

            Sin embargo los lacandones tienen una mentalidad abierta para las cosas nuevas, Aceptan fácilmente semillas que no conocen; también aceptan medicinas, a las que sin mucho trabajo ha puesto de acuerdo con su religión: si, - me dijo un lacandón en cierta ocasión, -el dios cura la calentura  y tus píldoras la enfermedad.- Tienen una moral muy elevada. El robo les es desconocido y los tzeltales que con frecuencia vienen a robarles su tabaco, les produce un disgusto profundo. Con entera confianza puede entregarse a los lacandones dinero adelantado para que traigan frutas o fabriquen flechas. No solamente entregan lo prometido, sino que lo traen el día y hora marcado  con absoluta puntualidad. Si Chank´in (Sol chico) dice. – te traigo papaya otro día, cuando el sol está chico aquí, indicando  el poniente, nada le impedirá llegar con la fruta.

            Son polígamos ciertamente, pero Mateo que ha andado mucho con los chicleros enseñándolos el chico zapote y que por esto conoce algo nuestras costumbres, me explica: - Si, puede ser que tu santo no permita muchas mujeres, pero el hombre tiene querida en Comitán, otra Ocosingo, otra en Tuxtla. Es una condenación muy sencilla de la moral hipócrita de los hombres que hizó Metzabok. Nuestro mundo no les asombra. Somos otras gentes simplemente, les interesa mucho todas las cosas técnicas. El lacandón don José supo inmediatamente que faltaba un tornillo en un pequeño molino de nixtamal que le habíamos regalado. No tienen miedo al avión que ven en los campamentos chicleros. Quieren aprender;  varios lacandones me rogaron que les enseñara a escribir. El único reproche de Chank´in, el sabio lacandón tiene que hacer a su dios supremo Hachakyum, es que no les enseña a leer. Casi no tienen instrumentos musicales, pero les gusta mucho oír música, y uno de sus más grandes deseos es tener un órgano de boca o una vitrola. Se entusiasman con el canto; una noche me oyeron cantar  y al día siguiente a la misma hora llegó don José con un grupo diciendo: Esta chico el sol, canta; - Fue necesario que yo cantara todo mi repertorio en francés, italiano y alemán.

Es cierto que ya quedan muy pocos. Y hay gentes que piensan que lo mejor sería dejarlos en su selva con sus costumbres. Pero la selva ya no está aislada. Hoy está abierta y cada vez mas la penetración es más profunda en ella. Ya no se puede cerrar este territorio inmenso. Y todo esto significa para los lacandones, contagios de enfermedades que harán desaparecer rápidamente a los pocos que quedan.  Hay quien piensa que no vale la pena salvarlos. Pero son humanos y aunque fuera por esta razón, habría que intentar su salvación, además son inteligentes y buenos. Son el último contacto vivo con los constructores de Yaxchilan , que en su tiempo no fue menos importante que Jerusalem, Meca y Roma. Guardan las tradiciones, aunque algo alteradas del pueblo Maya. Y todavía hay mucho que averiguar  de sus pensamientos secretos que pueden ayudar a esclarecer los misterios indescifrables de esta región, Escrito y pensamiento de  Gertrude Duby,  Los Indios lacandones su pasado y su presente…

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